Algunas dimensiones de la violencia

Hay un discurso de la inseguridad que menciona que la sociedad es en sí misma no violenta, y entonces hay que identificar a los violentos, encerrarlos y actuar sobre ellos.  En ese sentido aceptar que la sociedad tiene una violencia intrínseca implicaría aceptar también que se define qué acto violento sería considerado malo y cuál ni siquiera se considera como tal.

Niños y seguridad militarizada

Primeramente que debemos aceptar que no hay sociedad, grupo y relación social sin conflicto. Lo que existe es que esa conflictividad puede ser violenta y puede comportar el uso de la violencia física.

Uno de los problemas es definir socialmente que es violento, sería como una suerte de ranking que expusiera cuáles son los mayores peligros a evitar.  Es decir que te roben el celular en la calle,  seguramente resulta nada grato, muestra un conflicto y debería haber distintas políticas para evitar ese tipo de cuestiones, pero lo que deberíamos pensar es si esas son las violencias que más nos afectan como sociedad y si es el problema que tiene la sociedad argentina en este momento.

Este planteamiento vinculado a la idea de inseguridad, trae como correlato que la violencia es algo extraordinaria y no algo constitutiva de la sociedad. Ante este escenario, se identifica un sector social al que se considera, violento, “peligroso” y sobre el que hay que actuar. Ese sujeto es “intrínsecamente malo”, un ser “amoral”, “desprovisto de valores” y con el que no hay “posibilidad de entendimiento”. Una criminología del otro peligroso que se propaga por medios de comunicación (en todos sus formatos) que consolidan la etiqueta de un ser malo y dañino al que hay que encerrar y cuanto más chico mejor. Identificar un sector social, y más precisamente un estereotipo de delincuente, joven, varón y de barrios pobres o villas, es una estrategia y un canalizador de la violencia difusa en la sociedad.

Sergio Tonkonoff, [i] docente e investigador de temas vinculados a violencias, afirma  que proponer individuos y grupos como lo “otro”, es una actividad permanente que significa construir un “borde”, un “nosotros” y por lo tanto un “ellos”. De ahí uno podría explicar el auge de la criminalización, de la punitividad social como por ejemplo el linchamiento u otros conatos violentos. Esto también tiene estrecha relación con las fragmentaciones sociales producidas y hay una lucha permanente por definir los contornos, por definir lo que no “somos”; y lo que no somos es justamente eso, el ellos.

De esta manera el responsable de la violencia de la sociedad sería un sector social identificado, delimitado. Este sujeto que se construye desde los medios de comunicación masiva, es el portador de todos los males. Dice al respecto Zaffaroni, en su trabajo La cuestión Criminal [ii]La criminología mediática crea la realidad de un mundo de personas decentes frente a una masa de criminales identificada a través de estereotipos. Así configura un “ellos” separado del resto de la sociedad, por ser un conjunto de diferentes y malos. Este “ellos” perturbador se construye por semejanzas, para lo cual la TV es el medio ideal pues juega con imágenes” Esto tiene un objetivo y es el ellos poroso de parecidos, jóvenes y de barrios pobres.

Ante este proceso de criminalización mediática, acompañado por un fuerte olfato social legitima a las fuerzas de seguridad que actúen de manera diferenciada en los barrios más pobres, tanto del conurbano como de la Ciudad de Buenos Aires, pero también esto se repite de manera casi idéntica –con los matices propios de cada territorio -en el gran La Plata, Rosario, y en las periferias de las grandes ciudades de las provincias.

El criminólogo Robert Rainer[iii] hace referencia a la desigual distribución de la arbitrariedad policial y de la protección de las políticas de seguridad. Es decir que por un lado se identifica un sector social, el cuál es el receptor de la violencia estatal a través de sus fuerzas de seguridad. Pero si tenemos en cuenta que estos son los sectores mas victimizados (los que sufren más el delito) es decir que también se les niegan los sistemas de protección ante los distintos delitos padecidos.

Rainer caracteriza a estas poblaciones como sobrevigiladas y subprotegidas. La subprotección se da en el marco del arribo de fuerzas federales y policías con cierta concepción de la proximidad como es el cuerpo de Policía de Prevención Barrial (CPPB) a lugares históricamente relegados, donde muchas veces los vecinos de los barrios estaban obligados a pagar “peaje” para circular de un lugar a otro de los barrios o para entrar/salir. En  estos últimos meses, esa subprotección se vio desfigurada por acciones de violencia institucional en sintonía con discursos discriminatorios y xenófobos por la conducción política de las fuerzas. En el caso de la sobrevigilancia Las poblaciones pobres y más vulnerables son el blanco de permanente vigilancia, de prácticas abusivas y hostigamiento. También aquellas que poseen situaciones asociadas al consumo problemático de alguna sustancia legal o ilegal y son permeables al reclutamiento por redes delictivas que en muchas casos trabajan en sintonía con las fuerzas. Detenciones permanentes por averiguación de identidad, acoso policial, armado de causas y abusos en los operativos u allanamientos, es decir un inmenso abanico de violación de sus derechos, esto descripto no ocurre en otros sectores sociales. Una similar concepción de este escenario es el descripto por el Criminólogo Enrique Font, caracterizándolo como Sobrecriminalizados y desprotegidos. En este caso, y desde el contexto Rosarino Font enfatiza que parte de la desprotección parte de las autoridades del gobierno provincial de Santa Fe, sosteniendo una policía violenta, corrupta e ineficiente absolutamente autónoma y sin conducción.

 

Prisionización, cárceles y vida cotidiana

BuzonesHay dos procesos y fenómenos significativos en estos veinte años: la cárcel y la violencia. Por un lado, y a diferencia de hace 25 años, “la cárcel es hoy una institución de la vida cotidiana de los pobres” menciona el sociólogo Javier Auyero. En su último libro Violencia en los márgenes[iv], el autor menciona las diferentes formas de violencia y como se encuentran encadenadas. Para a su vez, menciona la preponderancia que comienza a tener la cárcel en los barrios. Continuando con la primer parte nos imaginamos quienes están en la cárcel, si claro pobres; Jóvenes, pobres, varones.

En el caso de las mujeres, la situación es similar, pero puede verse dentro de los penales muchas mujeres que son la última escala de la cadena del narcotráfico, mulas o vendedoras rudimentarias que les permite sobrevivir.

Esto se puede indagar en los barrios más humildes, en las escuelas donde concurren los niños de determinados barrios donde gran parte de esa población tiene a un familiar dentro de la cárcel, atravesando un proceso penal o está siendo procesado para entrar.

Este fenómeno genera enormes cambios en las familias de los sectores populares, que tiene que ver con prácticas, crianza de los hijos –muchas veces es la abuela, pero puede también ser  la hermana mayor que asuma ese rol-  también en la rutina y en la economía. Parte de la plata hay que destinarla a comprar víveres para el familiar preso y para el viaje cuando hay visita.

Muchas personas detenidas en el conurbano son llevas a cárceles del interior del país (Olavarria, Barker, Gral. Las Heras) habiendo no menos de 200 Km de su casa lo que imposibilita la visita y el mantenimiento del vínculo con sus hijos, hermanos, padres.

Jorge detenido en la unidad Penitenciaria 39 de Ituzaingo nos dice: “En las visitas la familia seguramente va el día anterior, lleva lo que puede y no sabe si eso les va a llegar al familiar. Pero también está con sus hijos, que duermen en la vereda del penal, y a veces hace mucho frió. Capaz que llegan a las 11 de la noche, porque era el único colectivo que había y están hasta el otro día a las 9  AM que empieza la visita”

Las condiciones de detención en los penales bonaerenses son pésimas y violatorias de Derechos fundamentales. Al ingresar a los penales uno puede observar la leyenda “Las personas detenidas estan privadas solo de su libertad ambulatoria” uno podría imaginar que se cumplen los demás derechos de esas personas. Pero no es así.

Distintos autores como Wacquant (2001-2005), Bauman (2006,2009) y Garland (2007) se han referido a las transformaciones del sistema penal dentro de las transformaciones neoliberales. Es decir del pasaje de Estado de Bienestar al Estado de Malestar, del Estado Social al Estado Penal o policial. La cárcel como “depósito” de aquellos que en el marco de las desregulaciones del sistema laboral quedan por fuera del mercado. En síntesis quien no puede ser cliente del mercado, será cliente del sistema penal, todo un dispositivo de neutralización que impide la circulación de los que no pueden circular.

Esta categoría de cárcel como “depósito” hace referencia a los cambios que se da en la opinión pública, pasando de una creencia que de la cárcel rehabilita, es decir que los encierren para que “aprendan” a la actualidad, a decir “para que se pudran”.

 

Aumento de la prisionización, aumento de la violencia

“En la Argentina, en los últimos 10 años la población creció un 80%: de 29.690 en 1997 a 59.227 en 2010 y estas estadísticas no cuentan a las personas detenidas en comisarías ni centros de detención para menores que en el año 2012 sumaban 11.344 personas menciona el investigador Esteban Rodríguez[v]. (2014)

Si observamos las estadísticas de prisionización en la provincia de Buenos Aires[vi], vemos este creciente aumentó, lo que algunos denominaron “inflación carcelaria”, “hiperencarcelamiento” o “nuevo gran encierro”

personas-privadas-de-su-libertad-en-la-provincia-de-buenos-aires-anios-1998-2014

La mano dura no cumple con su promesa de reducir el delito y la violencia y está ocasionando violaciones de los derechos humanos de las personas que entran en contacto con las fuerzas de seguridad y el sistema penitenciario de la provincia de Buenos Aires”.[vii]

Como señala Abel Córdoba titular de la procaduria contra la violencia institucional: “…las condiciones son infrazoológicas. Si hubiera animales, la sociedad y las organizaciones protectoras no tolerarían que estuvieran en esas condiciones. El límite de la violación de derechos es la resistencia biológica de las personas, lo dicen los propios médicos penitenciarios. No se mueren todos porque son jóvenes, y el cuerpo les aguanta.”  “En las cárceles argentinas muere una persona cada 38 horas. Esto pasa porque, entre otras cuestiones, la Justicia es incondicional a la tortura y la muerte”[viii]

Hacinamiento, violencia y muerte es una constante en las cárceles Argentina, que a su vez se repite en casi todos los países de América Latina. Este hacinamiento provoca el aumento de enfermedades, condiciones de higiene infrahumanas, alimentación en pésimo estado, violencia entre internos, torturas por parte del servicio penitenciario y muerte.

carceles-hacinados

Personas que pasan meses en celdas de castigo, celdas de apartamiento o “buzones” que no salen al patio y no ven la luz durante las 24 horas del día.  Los “buzones” son celdas ciegas, de castigo, de encierro absoluto, que miden 2X3. Estas celdas casi nunca tienen agua, sus baños estan tapados, con un intenso olor nauseabundo, como muchos de los detenidos nos describen, “con la mierda hasta el cuello”.

Referencias


[i] Sergio Tonkonof en Clinamen.
[ii] E.R. Zaffaroni, La cuestión Criminal. Fascículos de Página/12
[iii] Robert Rainer, citado Derechos Humanos en Argentina, Informe CELS 2013
[iv] Auyero Javier, Berti María Fernanda Violencia en los Márgenes Katz Ed. 2013
[v] Rodríguez Alzueta Esteban Temor y Control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno Ed. Futuro Anterior. 2014
[vi] Derechos Humanos en Argentina, Informe CELS 2013
[vii] Nota en Diario La Nación http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-226463-2013-08-10.html
[viii]
Nota en Pagina/12 http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-226463-2013-08-10.html

 

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