Por las características intrínsecas de los ecosistemas y por el contexto actual de globalización, se hace imposible pensar en estrategias de sustentabilidad para países aislados. Sin embargo, conviene establecer metas de sustentabilidad a nivel local,  provincial y nacional, integradas a políticas regionales más amplias que respondan a áreas geográficas similares e intereses económicos en común. Tal debería ser el destino final del Mercosur.
En un breve análisis retrospectivo, conviene recordar el origen del concepto de sustentabilidad (1) y destacar que el ecodesarrollo contemplaba aspectos estrictamente ambientales y otros, como la satisfacción de las necesidades humanas básicas, la equidad hacia las generaciones futuras, la participación ciudadana y el respeto a las culturas nativas (2).
Sin duda, esta fue una concepción de vanguardia que de haber sido considerada por los gobiernos de entonces, nos hubiésemos ahorrado tres décadas de exclusión social, depredación ambiental y endeudamiento externo. Conviene entonces retomar esta línea de pensamiento y reformular planes operativos para nuestra región del Cono Sur.

 

REGIONALIZACIÓN

En primer término, se debería establecer una delimitación de regiones a nivel municipal, basadas en el análisis multicriterial de características ecológicas y socio-económicas locales, incluyendo una descripción del deterioro actual y de los riesgos potenciales en el futuro. “Una regionalización adecuada también debería contemplar la creación de organismos regionales de desarrollo, promulgación de normativa particular, otorgamiento de autonomía en cuanto al manejo de recursos presupuestarios, financieros, etc. y la participación sectorial en la planificación y toma de decisiones” (3). Resulta también indispensable la participación activa de las poblaciones locales en la gestión municipal y favorecer una complementación intermunicipal en la resolución de problemas comunes. Esta interacción de municipios, implica bajar los costos en recursos humanos y materiales, y la elaboración de un perfil competitivo integrado a fin de atraer inversiones y recursos.

En forma simultánea, y manteniendo un criterio similar al descripto anteriormente, se deberán establecer bioregiones, esto es, regiones más amplias que generalmente trascienden las fronteras políticas pero que mantienen características ecológicas, económicas y culturales en común.

En el caso de Argentina, se compartiría la gestión hacia la sustentabilidad con otros países limítrofes según la bioregión: la subregión pampeana incluye a todo el Uruguay y sur de Brasil, la subregión patagónica se comparte con Chile al igual que la cuyana, la subregión chaqueña involucra a Paraguay y sudeste de Bolivia y la subregión andina se gestionaría en conjunto con el norte chileno y sudoeste boliviano (4).

El eje de esta política regional de sustentabilidad se centrará en la conservación de la base de los recursos naturales y en la erradicación de la pobreza. Otras metas propuestas incluyen: la autosuficiencia energética, la transición agropecuaria hacia sistemas orgánicos, la reducción de la explotación minera, la soberanía alimentaria, la expansión económica de servicios ambientales, el fortalecimiento del comercio intraregional y la integración política (5).

INSTRUMENTOS

Actualmente, la contabilidad macroeconómica de los países se realiza por medio de las Cuentas Nacionales y su indicador central está representado por el Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, este indicador no solo es imperfecto, sino que además no considera las riquezas en capital natural y capital social.

A nivel social, el PBI no es un indicador de bienestar como muchos economistas pretenden explicar. La demostración más reciente de esta realidad, es el hecho de que en Argentina el PBI creció durante la década de los ´90 y sin embargo la miseria social se incrementó.

Del lado del “capital natural”, el PBI no contabiliza la pérdida de recursos naturales y el deterioro ambiental. Más aún, la extracción de recursos naturales hace aumentar el PBI y el capital gastado en reparar el ambiente también influye en ese sentido. Se produce así un aumento del PBI por partida doble sobre la base del deterioro ambiental.

Debemos ser cuidadosos al utilizar la terminología “capital natural” en vez de patrimonio natural. Tratar a los recursos como capital puede responder a una concepción utilitaria de mercado y reflejar una visión de la naturaleza como algo cuyo único valor es la posibilidad de ser explotado como recurso productivo (6).

Mucho más útil como instrumento para lograr la sustentabilidad resultan las Cuentas Patrimoniales. En ellas se considera al ambiente como la interrelación sociedad-naturaleza y se mantiene un modelo de desarrollo que involucra el bienestar integral de las personas junto con las posibilidades que brinda la movilización del potencial productivo de los recursos naturales (7).

PATRONES DE CONSUMO

Resulta imposible alcanzar la sustentabilidad en una sociedad que no distingue la diferencia entre consumo y consumismo. La globalización pretende homogeneizar patrones de consumo generando un proceso de aculturación mundial. El logro de metas económicas y de mercado avasalla a los valores culturales y produce crisis de identidad y distanciamiento entre generaciones de muchos pueblos. La consecuencia más directa es la desaparición de la diversidad.

Es importante reconocer que la estructura de la demanda de los consumidores es la que determina el tipo de impactos ambientales generados y que los mismos consumidores pueden presionar para que se establezcan políticas ambientales adecuadas. “Consumir bienes de prestigio agrava los impactos negativos del consumo opulento sobre la disponibilidad de recursos naturales y la estabilidad del medio ambiente, pero, al mismo tiempo, puede estar provocando otras tensiones sociales con mayor grado de exclusión y desigualdad” (9).

Son necesarias estrategias hacia nuevas modalidades de producción y consumo, basadas en los recursos reales, que eviten imitar el estilo de vida de los países industriales, humanamente frustrantes y ambientalmente nocivos.

“En el futuro tendremos una sustentabilidad más austera, con menos electrodomésticos, pero sin pobreza” (10).

MERCOSUR

La gran ventaja del Mercosur como soporte a la sustentabilidad en el Cono Sur, radica en el hecho de que este tratado nació como un proceso de integración regional y no como un tratado de libre comercio. Entendida así, esta alianza considera no solo factores económicos, sino también factores culturales y ambientales.

Es una realidad que el Mercosur está en crisis, pero aún así constituye una gran oportunidad de desarrollo regional. Además ya ninguna nación, ni región del mundo escapa a la crisis, particularmente después del 11 de septiembre de 2001. Prueba de ello son los escándalos corporativos, las caídas de las acciones y el aumento del desempleo en todo el mundo.

Como se señaló anteriormente, las estrategias de sustentabilidad en la región deben estar dirigidas hacia la conservación del patrimonio natural, la autosuficiencia energética, la creación de políticas agrícolas en común, el fortalecimiento del comercio intraregional y la integración política. En todos esos puntos contamos con buenas expectativas.

La región cuenta con un sistema de cuencas hidrográficas único en el mundo, una riqueza de flora y fauna exuberante y excelentes perspectivas de autosuficiencia energética. Que tierra de maravilla! El Mercosur es también el mayor reservorio de alimentos del planeta y el mayor exportador de alimentos del mundo. Para asegurar la soberanía alimentaria y poder colocar las exportaciones, se deberá fortalecer un frente político común que denuncie el proteccionismo agrícola de los países del norte y garantizar así el acceso a los mercados y la competencia justa.

“Estados Unidos y Europa tienen la doble moral de realizar convenciones para acabar con el hambre y la pobreza, pero al mismo tiempo los provocan a través de los subsidios a los productos que compiten con los países más pobres” (11).

Nuestro desafío como sociedad es encontrar nuestro propio estilo de desarrollo integrando mecanismos endógenos y de cooperación internacional. El aparente retraso regional debe ser entendido como una oportunidad histórica para evitar los errores cometidos anteriormente por los países industrializados que llevaron al sobreconsumo y la depredación de la naturaleza.

Minimizar la sugestión de acoplamiento a las fuerzas económicas mundiales y aumentar la confianza en favor de una mayor autosuficiencia económica local, marcan nuestro destino ineludible, un destino ya antes soñado por San Martín y Bolívar.

 

Aclaración: Este atículo fue escrito en el año 2002

Notas:

(1) Desarrollo Sustentable: origen y evolución de un concepto, Co-herencia Ambiental N° 1, Bs. As., agosto de 2002.

(2) Sachs, Ignacy. “Environment and styles of development”, en Matthews, J., Outer limits and human needs. Upsala, DHF, 1976.

(3) Kufner, Maura B., et al. La nueva delimitación espacial del territorio cordobés. Marcos Lerner Editora, Córdoba, Arg., 2000.

(4) Programa Sur Sustentable 2025. Centro Latino Americano de Ecología Social, Montevideo, Uruguay.

(5) Gudynas, Eduardo. Seminario de Ecología Política de la Sustentabilidad en el Cono Sur, CEA-GEPAMA, Bs. As., septiembre 2002.

(6) Martínez Alier, J., Roca Jusmet, J. Economía ecológica y política ambiental. FCE – PNUMA, México DF, 2000.

(7) Sejenovich, H., Gallo Mendoza G. Manual de Cuentas Patrimoniales. PNUMA – Fundación Bariloche, México, 1996.

(8) Kakabadse Navarro, Yolanda. Conferencia sobre globalización y desarrollo sustentable en el ámbito de América Latina, Bs. As., julio 2001.

(9) Jiménez Herrero, Luis M. Desarrollo Sostenible. Ed. Pirámide, Madrid, 2000.

(10) Gudynas, E. (Op. cit.)

(11) Presentación ante la Organización Mundial del Comercio. Diario Clarín, Bs. As., 7 de julio de 2002.

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